HOAC

¡Derribemos los muros de la precariedad

y la desigualdad que vivimos

las mujeres trabajadoras!

Manifiesto 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora

Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) – Juventud Obrera Cristiana (JOC)

“Me despidieron cuando pedí que cumplieran la ley” (Cristina, empleada de hogar que cobraba por debajo del salario mínimo interprofesional)

 “Tenía miedo a enfermar, pero también a ser despedida por faltar al trabajo”. (Delia, trabajadora doméstica que durante el confinamiento siguió acudiendo a la casa donde trabajaba)

Estos testimonios ponen de relieve cómo las mujeres seguimos padeciendo la desigualdad, la precariedad, el empobrecimiento y la exclusión en el mercado laboral y que la crisis sanitaria ha agravado aún más. De hecho, la pandemia ha retrasado el logro de la igualdad en 135,6 años, según el Foro Económico Mundial (FEM), que en 2020 estimaba que se necesitarían 99,5 años.

Además, hemos estado más expuestas, y lo seguimos estando, a la COVID-19, pues trabajamos, mayoritariamente, en el sector servicios: sanidad, educación, hostelería, comercio, y sosteniendo los sistemas de cuidados y trabajo doméstico lo que significa que incluso en estos momentos, que, poco a poco se va notando cierta recuperación económica en nuestro país, a nosotras se nos sigue dejando fuera. Los datos lo corroboran:

  • La tasa de actividad se sigue manteniendo un 10% más baja que la de los hombres (antes, durante y después de las restricciones).
  • La temporalidad ya llega al 41% y los contratos a tiempo parcial al 74%.
  • La tasa de desempleo ya alcanza el 16,36% lo que supone un 3,5% más alto que el masculino, tendencia que continua la pauta del 2019 y 2020.
  • Las mujeres cobran 14,1% menos que los hombres de media, lo que equivale a dos meses de salario.
  • Las mujeres trabajan gratis 43 días al año.
  • Las mujeres de entre 25 y 44 años sin hijos tienen la más alta tasa de empleo (72,8%). A medida que aumenta el número de hijos e hijas, disminuye dicha tasa (con 3 o más hijos-as: 53,7%).
  • El 27,2% de las mujeres se encuentran en riesgo de pobreza.
  • La pensión media de las mujeres es de 837,98€ mientras que la de los hombres es de 1260,02€.

Estos porcentajes reafirman la situación de vulnerabilidad que vivimos: sufrimos más el paro, la temporalidad, la parcialidad, el desempleo; cobramos menos, trabajamos más; se nos castiga por ser madres; y la cuantía de nuestras pensiones son más bajas. Y si somos jóvenes e inmigrantes la desigualdad se duplica y/o triplica.

Por eso, en este 8 de marzo, más que nunca, la JOC y la HOAC:

  • Reivindicamos el derecho a un trabajo digno y a la dignidad del trabajocomodimensión esencial para que se reconozca nuestra humanidad y no se nos impida aportar a la construcción de una sociedad decente desde nuestra singularidad.
  • Compartimos el planteamiento de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que la salida a esta situación pasa por la recuperación con perspectiva de género, reflotando a las trabajadoras sumergidas, introduciendo subidas de salario mínimo, incrementando los servicios públicos que mejoren sus condiciones para la participación y asegurando la implantación de igual salario a igual trabajo .
  • Demandamos un cambio de modelo en la organización y financiación de los cuidados, de manera que se convierta en una prioridad política y mejore las condiciones de empleo en este sector altamente feminizado.
  • Hacemos una llamada a todas las mujeres para generar espacios seguros en los que nos encontremos y tomemos conciencia de que nuestra situación de desigualdad y discriminación está provocada por un sistema social (patriarcado) y económico (capitalismo) que nos ignora y utiliza.
  • Nos comprometemos a seguir luchando junto a otros movimientos y organizaciones eclesiales, sindicales, sociales y políticaspara acompañar a las mujeres; cambiar la mentalidad patriarcal y capitalista; trabajar para que las instituciones garanticen los derechos de todas las mujeres a un trabajo digno; y a seguir generando experiencias que vislumbren una sociedad más justa e igualitaria.
  • Queremos seguir construyendo, en nuestra Iglesia y en el mundo, la comunidad de iguales que Jesús creó; y, como aquellas mujeres discípulas que anunciaron su resurrección, seguir comunicando la esperanza en nuestros ambientes, promover la justicia social, los derechos humanos y la igualdad de género. Porque no hay esperanza sin lucha, la JOC y la HOAC seguiremos trabajando “hasta que la igualdad se haga costumbre”.

“Resistirse a la precarización tendrá que implicar no solo cuestionar críticamente el sistema económico y los valores políticos, sino también, plantearse cómo crecer personalmente, cómo formar, educar y conseguir una ciudadanía consciente, crítica y capaz de actuar colectivamente para procurar el bienestar de toda la comunidad”. (Neus Forcano)

La HOAC sigue reivindicando una Iglesia presente y encarnada en el mundo del trabajo

Este pasado sábado 29 de enero, la Hermandad Obrera de Acción Católica celebró el acto de clausura de los actos de su 75 aniversario. El encuentro, preparado en formato de mesas de experiencias reunió a muchas personas vinculadas con el movimiento que sirvió para agradecer y hacer memoria. La presidenta en Bizkaia, Mari Mar González se dirigió al público presente ofreciendo algunas pinceladas en torno al quehacer del movimiento en la actualidad porque «como Iglesia tenemos mucho que decir ante un mundo de trabajo injusto». El cartel de participantes en las reflexiones contó con personas reconocidas por su devenir sindical y político como Javier Madrazo – desde la organización- o Rafa Diez Usabiaga (exsecretario general de LAB), el ex lehendakari Juan José Ibarretxe o Ramón Jáuregui (exministro de la presidencia y exeurodiputado). En el primer diálogo de los tres que se llevaron a cabo, participó el director del departamento de Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal, Antonio Aranda y Maribel Zaldibar (militante de la HOAC de La Rioja). Militantes de la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y el profesor de economía y sindicalista, Joaquín Arriola, fueron otros invitados. Clausuró el acto el obispo emérito de San Sebastián Juan María Uriarte quien les habló del compromiso que significa «saltar al ruedo en el que se juega la suerte de los excluidos»  y pidió implicarse en pro de los marginados, entre los que mencionó a «los trabajadores que carecen de un salario y de unas condiciones de trabajo decente». 

El vicario general, Kerman López, abrió el encuentro con una oración que inspiró la jornada. La mañana fría del sábado se fue calentando con palabras llenas de significado como formación, compromiso, espiritualidad, trabajo digno, trabajo conjunto y organizado… pero sobre todo de acción. Se reflexionó sobre la necesidad de «salir de nuestras zonas de confort» e implicarse junto con asociaciones, sindicatos, grupos políticos etc.  en busca de un bien común y mejora en las situaciones laborales. Así lo manifestó Mari Mar González desde su responsabilidad como presidenta del movimiento en Bizkaia. 

En este mismo sentido, Mons. Uriarte mostró su alegría  porque el movimiento se haya dotado de una comisión dinamizadora en la que participan otras instituciones como Caritas, Pastoral Obrera y Pastoral de Migraciones. «Esta sinergia – añadió- es signo de fraternidad y fuente de mayor fecundidad». 

El ex lehendakari Juan José Ibarretxe y Ramón Jauregui reflexionaron sobre dignidad política y pusieron en valor, entre otras cuestiones, la necesidad de la política para la organización de la convivencia. 

Palabras de Juan Mari Uriarte en la clausura de los 75 años de la HOAC

Partaide maiteok: Pozik eta arriduraz urbiltzen naz zuengana ospakizun aipagarri onetan.

Amigos: me ha agradado y sorprendido, a la vez, vuestra invitación a cerrar esta memorable jornada. Me ha agradado, porque desde hace muchos años os quiero y admiro. Me ha sorprendido, porque estoy convencido de que hay muchas personas que podrían transmitiros un mensaje más rico que el mío en esta fecha única. Dudo, incluso, que mis palabras puedan llamarse mensaje. Son más bien un reconocimiento caluroso de vuestra existencia y un deseo de que crezcáis en extensión y calidad. Sois un órgano del organismo complejo de esta comunidad diocesana de Vizcaya. Merecéis una consideración bien explícita. La diócesis de Bizkaia os necesita para responder mejor a su entera misión.

El Papa Francisco evoca, delicada y sobriamente, un pasado bastante remoto en el que, al no ser comprendidos por la Iglesia, sufristeis una crisis y una merma relevante de militantes. Muchos sufrimos con vosotros y en aquellos años de tensión y de rupturas. Pero hay algo que siempre admiré en vuestros antecesores que resistieron la prueba sin desprenderse ni de su fe ni de su compromiso con el mundo obrero. Las circunstancias eran más que propicias para desengancharse de la eclesialidad y de la misma fe. Pero veníais de buena cepa. Guillermo Rovirosa os había enseñado con su palabra y su ejemplo que la adhesión a Jesús, trabajador de Nazaret, y vuestro compromiso con los desheredados, era inescindible. Esta convicción vital les ayudó a comprender que si la comunidad eclesial necesita de vosotros, también vosotros estabais, a pesar de todo, necesitados de ella. 

Muchas cosas me sugieren la carta-prólogo del Papa y las palabras de vuestro obispo. Me reduciré a comentar una de las frases del informe que habéis tenido la delicadeza de remitirme: “cuidar la formación, la espiritualidad y el compromiso”.

1.- La formación

Dos deficiencias suelen ser frecuentes en los diversos y variados movimientos de nuestra Iglesia. Uno de ellos consiste en una especie de “formación crónica” que no se traduce ni en espíritu comunitario auténtico ni en un compromiso vital para mejorar el entorno. La otra deficiencia es propensa a un activismo que minusvalora despectivamente como “teórica” la formación, la reflexión, la interiorización. Refleja, con frecuencia, una huida de problemas interiores que no alcanza a ver o no quiere ver. La primera cultiva el intimismo (que es diferente de la intimidad), indiferencia respecto del entorno y, a la larga, mecanicismo rutinario. La segunda produce vacío interior, voluntarismo obstinado. Acaba con frecuencia “tirando la toalla”. Muchos activistas de ayer han acabado siendo escépticos o han acabado, mayormente, por abandono de la espiritualidad. Felizmente, los planes de formación acuñados por la HOAC son modélicos también para otras asociaciones eclesiales. Una formación así va forjando un modo de ser, de pensar, de sentir y de actuar que combina el espíritu del Evangelio y el realismo.

2.- La espiritualidad

La formación ofrece contenidos, pautas generales y específicas y querencias solidarias. Pero por sí sola no basta para alimentar la espiritualidad. Un viejo y válido principio antropológico sostiene que el comportamiento verdaderamente humano lleva en sí dos componentes: la conducta exterior y visible y la vivencia interior. Sin conducta, no hay más que pasividad estéril. Sin vivencia no hay más que cáscara vacía. La vivencia se vuelve tal cuando se asimila, se interioriza, impregna nuestra sensibilidad y llega al corazón. El déficit de vivencia reseca nuestra actividad, empobrece nuestra humanidad y se convierte en ideología. La vivencia cristiana es de sabor evangélico y está impregnada de adhesión a Jesucristo y de familiaridad con su persona, sus valores y sus actividades. Es espiritualidad.

Entre las diversas espiritualidades cristianas (todas ellas derivadas de un tronco común) la espiritualidad diseñada y practicada por la HOAC lleva el sello del Espíritu Santo. En ella se interpenetran el amor de identificación con el Señor, la pertenencia sentida a la comunidad eclesial, la existencia comprometida con los descartados y la pasión por un mundo más fraterno y solidario.

Esta espiritualidad no es algo inalterable, adquirido para siempre. Es preciso regarla con los sacramentos de la Iglesia, por la oración individual y comunitaria y por una vida práctica no exenta de deslices, pero, básicamente, coherente con el ideal evangélico. Vuestro retiro al inicio de cada curso, vuestros dos encuentros oracionales a lo largo de él y vuestros Ejercicios previos al paso de la formación básica a la formación permanente son sólidos refuerzos para que no vaya desfalleciendo la espiritualidad.

3.- El compromiso.

El compromiso en sus varias formas, adaptadas a las circunstancias sociales es un rasgo que os caracteriza desde el principio. Permitirme que practique una deconstrucción de esta palabra para dejar en evidencia su significado de manera más gráfica. Comprometerse es, en primer lugar, “meterse”. No ver los toros desde el tendido de sol, sino saltar al ruedo en que se juega la suerte de los excluidos y la mejora de los injustamente compensados. Comprometerse, lejos de adoptar un espíritu corporativista de quienes, en tantas áreas de nuestra sociedad, se unen para reclamar lo que creen suyo y solo suyo, consiste en implicarse en pro de los marginados: los trabajadores que carecen de un salario y de unas condiciones de trabajo decente. Comprometerse no es un implicarse en solitario sino unirse con otros para ejercer entre todos una tarea liberadora. Con-pro-meterse.

Me alegra comprobar que, al margen de vuestros compromisos como grupo HOAC, os habéis dotado de una comisión dinamizadora en la que participan con vosotros Cáritas Diocesana, Pastoral Obrera y Pastoral de Migraciones. Esta sinergia es signo de fraternidad y fuente de mayor fecundidad. No son los tiempos muy propicios para grandes realizaciones, pero sí para modestos resultados que sean referencia y estímulo para quienes tienen más efectivos y más surcos abiertos.

Termino: ayer, mientras escribía estas reflexiones no podía evitar que viniese a mi mente el fragmento evangélico correspondiente a la Misa de ayer: “¿con qué podemos comparar el reino de Dios? … Con un grano de mostaza: al sembrarlo en la tierra es la semilla más pequeña; pero después brota, se hace más alta que las demás hortalizas y echan ramas tan grandes que los pájaros pueden cobijarse y anidar en ellas”. Con toda mi alma deseo y pido que esta planta eclesial de la HOAC pueda echar unas ramas en las que puedan cobijarse muchos pájaros desprotegidos y encuentren en ellas el apoyo, la defensa y la motivación para volar en libertad y en confianza.

Eskerrik asko zuen arreta eroapentsuagaitik.

+ Juan María Uriarte
Bilbao, 29.01.2022
Parroquia de Ntra. Sra. del Rosario – Rekalde

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La HOAC sigue reivindicando una Iglesia presente y encarnada en el mundo del trabajo

Este pasado sábado 29 de enero, la Hermandad Obrera de Acción Católica celebró el acto de clausura de los actos de su 75 aniversario. El encuentro, preparado en formato de mesas de experiencias reunió a muchas personas vinculadas con el movimiento que sirvió para agradecer y hacer memoria. La presidenta en Bizkaia, Mari Mar González se dirigió al público presente ofreciendo algunas pinceladas en torno al quehacer del movimiento en la actualidad porque «como Iglesia tenemos mucho que decir ante un mundo de trabajo injusto». El cartel de participantes en las reflexiones contó con personas reconocidas por su devenir sindical y político como Javier Madrazo – desde la organización- o Rafa Diez Usabiaga (exsecretario general de LAB), el ex lehendakari Juan José Ibarretxe o Ramón Jáuregui (exministro de la presidencia y exeurodiputado). En el primer diálogo de los tres que se llevaron a cabo, participó el director del departamento de Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal, Antonio Aranda y Maribel Zaldibar (militante de la HOAC de La Rioja). Militantes de la Juventud Obrera Cristiana (JOC) y el profesor de economía y sindicalista, Joaquín Arriola, fueron otros invitados. Clausuró el acto el obispo emérito de San Sebastián Juan María Uriarte quien les habló del compromiso que significa «saltar al ruedo en el que se juega la suerte de los excluidos»  y pidió implicarse en pro de los marginados, entre los que mencionó a «los trabajadores que carecen de un salario y de unas condiciones de trabajo decente». 

El vicario general, Kerman López, abrió el encuentro con una oración que inspiró la jornada. La mañana fría del sábado se fue calentando con palabras llenas de significado como formación, compromiso, espiritualidad, trabajo digno, trabajo conjunto y organizado… pero sobre todo de acción. Se reflexionó sobre la necesidad de «salir de nuestras zonas de confort» e implicarse junto con asociaciones, sindicatos, grupos políticos etc.  en busca de un bien común y mejora en las situaciones laborales. Así lo manifestó Mari Mar González desde su responsabilidad como presidenta del movimiento en Bizkaia. 

En este mismo sentido, Mons. Uriarte mostró su alegría  porque el movimiento se haya dotado de una comisión dinamizadora en la que participan otras instituciones como Caritas, Pastoral Obrera y Pastoral de Migraciones. «Esta sinergia – añadió- es signo de fraternidad y fuente de mayor fecundidad». 

El ex lehendakari Juan José Ibarretxe y Ramón Jauregui reflexionaron sobre dignidad política y pusieron en valor, entre otras cuestiones, la necesidad de la política para la organización de la convivencia. 

La Hermandad Obrera de Acción Católica

ante el acuerdo anunciado de la reforma laboral

Ha finalizado el proceso de diálogo social de la mesa sobre la modernización del mercado laboral que reúne a Gobierno, CCOO, UGT, CEOE-CEPYME. Después de 9 meses de negociación, donde han existido momentos de dificultad entre miembros del Gobierno de coalición, y entre posturas legítimamente discrepantes de todas las partes del diálogo, la resolución de esas tensiones permite avanzar por la senda del bien común (Cfr. Fratelli tutti, 203). Como consecuencia, las partes anuncian cambios sustanciales en el marco de las relaciones laborales.

Según se recoge en el documento, el acuerdo se centra en actuar para reducir la temporalidad, causalizando la contratación y primando la estabilidad en el empleo; vuelve a equilibrar la negociación colectiva haciéndola más justa y garantista para los trabajadores y las trabajadoras. Por otro lado, establece un nuevo mecanismo denominado RED, que sustituye a los expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE), como instrumento para proteger el empleo y a las empresas. Estos tres pilares configuran un nuevo paradigma que pretende garantizar empleo en condiciones más dignas.

La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) movimiento de Acción Católica para la Pastoral del Trabajo, que en su tarea acompaña la vida de las personas trabajadoras y está comprometida en el mundo obrero y del trabajo, considera que el acuerdo va en una dirección positiva.

Cambio de lógica

Los cambios acordados rompen con la lógica de atender las relaciones laborales precarizando el empleo, abaratando los costes laborales, otorgado más poder a las empresas, debilitando la negociación colectiva y la tarea de las organizaciones de los trabajadores. Todas ellas tienen un impacto profundamente negativo en la vida de las personas trabajadoras y en sus familias, y generan desigualdad e inseguridad vital.

El acuerdo recupera la centralidad del trabajo y el diálogo social como mecanismo para intervenir en los cambios necesarios. Hoy, ambas cuestiones no son un tema menor para avanzar en la construcción del bien común. Permite mejoras para las trabajadoras, los trabajadores y sus familias, especialmente para las personas que sufren la temporalidad y la precariedad. Recupera y protege derechos en la negociación colectiva, para atajar las prácticas que favorecen derechos laborales a la baja o simplemente desmotivar la negociación de un convenio colectivo; y especifica medidas para evitar despidos, cuidando el empleo en situaciones de dificultad.

Los límites de la acción normativa

El mundo del trabajo sigue teniendo desequilibrios y enormes dificultades. Uno de los más preocupante es el elevado desempleo estructural. Millones de personas no pueden trabajar. Sabemos que los cambios que se producirán, por sí mismos, no crean empleo. También consideramos que hay materias que han quedado fuera de la negociación, como todo lo relacionado con el despido; o que son manifiestamente mejorables, como las cuestiones relacionadas con la subcontratación.

Con todo, instamos a las partes a que, mediante un trabajo decente, se promueva el bien del pueblo y permita “a todos hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno, sus capacidades, su iniciativa, sus fuerzas. Esa es la mejor ayuda para un pobre, el mejor camino hacia una existencia digna (…). La política no puede renunciar al objetivo de lograr que la organización de una sociedad asegure a cada persona alguna manera de aportar sus capacidades y su esfuerzo. Porque «no existe peor pobreza que aquella que priva del trabajo y de la dignidad del trabajo».

Promover el trabajo decente

En una sociedad realmente desarrollada el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo”. (FT 162). En este sentido, en continuidad con la propuesta del papa Francisco, reclamamos que se analice seriamente la posibilidad de reducir la jornada laboral, como medida para crear trabajo.

Subrayamos y reiteramos que los derechos de las personas en el trabajo deben ser elemento central de la configuración de la economía y es esta la que debe adaptarse a las necesidades y derechos de las personas. Así se señala en la Doctrina Social de la Iglesia y pensamos que esta es la cuestión de fondo que necesitamos afrontar.


El sábado 27 de noviembre la HOAC de Bizkaia ha celebrado en el Edificio Barria su asamblea de inicio de curso. El encuentro comenzaba con una oración y un espacio dedicado a compartir la vida de los y las militantes y los equipos. En la actualidad hay en nuestra diócesis 8 equipos: Enkarterri, Rekalde, Casco Viejo, Done Bikendi,  Barakaldo, Santurtzi, Galdakao, Durangaldea.

Un encuentro en el que se han aprobado las prioridades a desarrollar en el próximo bienio 2021-2023.  Objetivos, medios y acciones en relación a la formación, el compromiso personal y comunitario, cómo vivir la cercanía y solidaridad con los hombres y mujeres del mundo obrero que vive con mayores dificultades, cómo ser comunidad de bienes, vida y acción, cómo cuidar la espiritualidad. Acciones y actividades que han quedado reflejadas en un calendario común.

Destacar la importancia que se ha dado a la realización de los planes de formación que desde el Ver, Juzgar, Actuar ayudan a ir uniendo fe y vida. Se continúa concretando la lucha y defensa de un trabajo digno, participando en la Iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente.

Este año ha sido un curso especial por la celebración del 75 aniversario de la puesta en marcha de la HOAC. Así se ha agradecido y celebrado en la Eucaristía con la que ha finalizado el encuentro. Eucaristía en la que se ha dado las gracias a Izaskun, Epi y Pepelu por su dedicación a la Comisión Diocesana en estos últimos cuatro años como responsables de representación, organización y vida comunitaria y consiliaria.

También se ha acogido a Marimar, como presidenta, Montxo, como responsable de compromiso, y Roberto como consiliario, que han tomado el relevo.

La HOAC es un movimiento apostólico de Acción Católica para la Pastoral Obrera, un movimiento laical, donde la misión evangelizadora se asume de manera corresponsable por parte de todos y todas. Son muchos los retos que la realidad del mundo obrero nos presenta hoy a la Iglesia. Ahí quiere estar la HOAC, sus militantes, construyendo puentes, derribando muros, como decían en el lema elegido para su 75 aniversario. Puentes que posibiliten proyectos humanizadores que pongan en el centro a la persona.

Felicitación de Navidad de la Hoac

75 años de la HOAC Sacramento de la Sinodalidad

Fernando C. Díaz Abajo. Consiliario General de la HOAC en Vida Nueva

Hace 75 años que, del 26 de octubre al 3 de noviembre, tenía lugar la I Semana Nacional de la HOAC. Estamos de aniversario.

En todo este tiempo no ha sido raro que se pusiera en cuestión la necesidad de un movimiento eclesial, fundamentalmente laical, al servicio de la misión evangelizadora de toda la Iglesia en el ámbito específico del mundo obrero y del trabajo. Casi es consustancial a la historia de la HOAC el constante cuestionamiento que, por unas razones u otras, ha acompañado su vida a lo largo de esta corta andadura.

Hoy, sin embargo, parece que las propuestas concretas del papa Francisco en materia de compromiso político, de la centralidad y la dignidad del trabajo humano, de la enseñanza social de la Iglesia, de la importancia del laicado y su vocación a la santidad, o de la sinodalidad en la Iglesia, suponen un reconocimiento implícito de la trayectoria de este movimiento especializado de la Acción Católica Española. Y no solo un reconocimiento a la trayectoria histórica, sino una apuesta reforzada por apreciar en la Iglesia a los movimientos laicales insertos en la vida social, para construir fraternidad y amistad social.

La aportación histórica de la HOAC y en el momento actual es reconocida por el movimiento ciudadano, por agentes sociales, organizaciones sindicales y políticas, y, cada vez más, por el estamento eclesial.

Pero hay una aportación que quizá no ha sido nunca suficientemente resaltada, y que hoy es aún más de agradecer, por necesaria. La HOAC es, desde sus inicios, una experiencia sacramental de sinodalidad.

Una experiencia sinodal configurada en su modo eclesial de ser, desde su identidad de Acción Católica. Una experiencia de comunión sustentada sobre la común dignidad bautismal, que confiere a los ministerios eclesiales una misma corresponsabilidad en el cuidado de la vida comunitaria, que se ejerce desde la peculiaridad de cada ministerio-responsabilidad para el cuidado del ser y la misión, para el cuidado de cada persona que forma parte de la HOAC.

Una experiencia sinodal configurada en su modo eclesial de ser, desde su identidad de Acción Católica. Una experiencia de comunión sustentada sobre la común dignidad bautismal, que confiere a los ministerios eclesiales una misma corresponsabilidad en el cuidado de la vida comunitaria, que se ejerce desde la peculiaridad de cada ministerio-responsabilidad para el cuidado del ser y la misión, para el cuidado de cada persona que forma parte de la HOAC.

‘No hay irresponsables’

La corresponsabilidad de todos sus miembros, en primera instancia. Desde el comienzo de esta andadura, decimos que «en la HOAC no hay irresponsables». Todos sus miembros tienen una responsabilidad concreta en la animación y cuidado de la vida de comunión y de la misión evangelizadora, en los equipos, en el ámbito diocesano o general, que se ejerce de un modo sacramental.

Es una corresponsabilidad que se sustenta en la dignidad bautismal, y se plasma en la necesaria interacción de cada servicio —vida comunitaria, formación, animación de la fe, difusión, compromiso, presidencia- y que, requiriendo del servicio del ministerio ordenado, confiere a este la posibilidad de realizarse en su esencia, sirviendo a la comunión en el servicio a las demás responsabilidades para que puedan desempeñar su misión propia; como un ministerio de comunión que no agota los demás ministerios y carismas.

La manera en que en la HOAC se realiza el ministerio del consiliario no solo ahuyenta cualquier atisbo de clericalismo, sino que refuerza la comunión para la misión en la diversidad de funciones y en la complementariedad necesaria, para realizar la misión que la Iglesia le encomienda.

Cuando hoy estamos inmersos en el proceso sinodal, en las reflexiones sobre comunión, participación y misión, en el reto de hacerlas reales, la Iglesia puede volver la mirada a la experiencia de los movimientos apostólicos que llevan recorrido buen trecho de este camino, y aprender de esa experiencia que puede iluminar las maneras de crecer en nuestra Iglesia en ser una Iglesia más participativa y corresponsable, eminentemente laical, donde comunidad y ministerios pueden tejerse en urdimbre y trama de comunión y misión.