III DOMINGO DE PASCUA

MENSAJE DOMINGO 26 ABRIL

1. ESCUCHAMOS CANCIÓN “QUIÉN AMÓ PRIMERO”

Quién amó primero

quién os dijo” amad como amo yo”

quién amó a todas, a todos

quién en todo amó.

Ya estamos en el III Domingo de Pascua, tenemos que seguir quedándonos en casa,  pero nos sentimos reunidos en comunidad, aún en la distancia, y juntos oramos y nos ponemos en manos  de quien nos amó primero, de quién  en todo amó. Así que os proponemos buscar el lugar más apropiado para sosegaros y haceros conscientes de la presencia  de Cristo Resucitado  entre nosotras-os.

REZAMOS EL SALMO DEL DÍA.  (Sal 15,1-2.5.7-8.9-10.11)  

PROTÉGEME DIOS MIO, ME REFUGIO EN TÍ


Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré.

PROTÉGEME DIOS MIO, ME REFUGIO EN TÍ 

         Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos,
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,

PROTÉGEME DIOS MIO, ME REFUGIO EN TÍ 

PROCLAMACIÓN DEL EVANGELIO DEL DÍA Lucas (24,13-35)

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les pregunto: «¿Qué?» Ellos le contestaron: «Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron».
Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos.
Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció. Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor

REZAMOS JUNTOS EL PADRENUESTRO

Juntos  vamos a rezar  la oración que Jesús nos enseñó.

En nuestras manos extendidas al Padre,  ponemos los nombres de  personas conocidas que han fallecido  en este tiempo, y hoy especialmente  pensamos en los ancianos de nuestro pueblo que han fallecido en la residencia y en sus familiares que no han podido acompañarles en su despedida.

Con un poco de música de fondo  vais rezando el Padrenuestro. O Gure Aita, como veáis

Los discípulos de Emaús conocían las escrituras y hasta habían escuchado predicaciones de Jesús. Sin embargo, no habían creído a las mujeres cuando dijeron que estaba vivo. Les faltaba algo. Y solo, cuando acogieron al extraño para que pudiese sentarse con ellos a la misma mesa, empezó a «arder» su corazón.

No acabemos, pues, esta oración sin recordar la jornada mundial de seguridad y salud en el trabajo para que podamos encontrarnos con Jesús donde él se deja encontrar. En quienes ya están sufriendo consecuencias del estado de alarma en que estamos metidos:

Los Expedientes de Regulación Temporal de Empleo, afectan a más de170.000 trabajadores en el País Vasco. Y, aun peor, la mayoría de las trabajadoras del servicio doméstico han sido despedidas sin indemnización; o se han visto obligadas a computar los días no trabajados como días de vacaciones.

El papa Francisco, ante esta situación, el Domingo de Resurrección escribió:

“Ustedes, trabajadores informales, autónomos o en economía sumergida, no tienen un salario estable para resistir este momento… y las cuarentenas se les hacen insoportables. Tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y tan cristiana: ningún trabajador sin derechos”.

Que nuestra oración nos lleve a apoyar las causas más nobles de nuestros semejantes.

¡Buen domingo y mejor semana!