Orando en casa

Buscamos un tiempo para orar que como decía Lutero “La oración no es para cambiar los planes de Dios. Es para confiar y descansar en Su soberana voluntad”.  Y de este “confiar y descansar” estamos siempre necesitados… así que ¡adelante En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo!

Escuchando este canto nos vamos poniendo en situación.

La Ascensión – Javier Brú

Se nos dice: La Ascensión no indica la ausencia de Jesús, sino que nos dice que Él vive en medio de nosotros de un modo nuevo; ya no está en un sitio preciso del mundo como lo estaba antes de la Ascensión; ahora está en el señorío de Dios, presente en todo espacio y tiempo, cerca de cada uno de nosotros. En nuestra vida nunca estamos solos: el Señor crucificado y resucitado nos guía. (Francisco, Audiencia General 17 abril 2013)

Y se insiste: La Ascensión no es final de ninguna historia, sino el comienzo de un nuevo modo de presencia del Señor entre los suyos, que culminará en el envío del Espíritu Santo (Pentecostés). Es el comienzo de la actividad evangelizadora universal de los discípulos. Una actividad que es de la Iglesia, de la comunidad de creyentes en el Resucitado, con la que el Señor sigue cooperando de manera esencial.

Ha llegado el tiempo de la escucha de la Palabra

Buenos días Señor:

Ahora que me dispongo a escucharte abre bien mi oído y mi corazón y así se dispongan mis manos, mis pies y mi boca a colaborar en tu proyecto. Y ayúdame a no caer en la tentación del individualismo, ni del espiritualismo ni en la tentación “prometeica” que cree que todo está en mis manos, que todo es fruto de mi esfuerzo. Por NSJC

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 1, 1—11

En mi primer libro, Teófilo, escribí de todo lo que Jesús hizo y enseñó desde el comienzo hasta el día en que fue llevado al cielo, después de haber dado instrucciones a los apóstoles que había escogido, movido por el Espíritu Santo. Se les manifestó él mismo después de su pasión, dándoles numerosas pruebas de que estaba vivo, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles del reino de Dios. 

Una vez que comían juntos, les ordenó que no se alejaran de Jerusalén, sino «aguardad que se cumpla la promesa del Padre, de la que me habéis oído hablar,  porque Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con Espíritu Santo dentro de no muchos días».  Los que se habían reunido, le preguntaron, diciendo: «Señor, ¿es ahora cuando vas a restaurar el reino a Israel?».  Les dijo: «No os toca a vosotros conocer los tiempos o momentos que el Padre ha establecido con su propia autoridad; en cambio, recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra». Dicho esto, a la vista de ellos, fue elevado al cielo, hasta que una nube se lo quitó de la vista.  Cuando miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando, se les presentaron dos hombres vestidos de blanco,  que les dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo».

Par toute la terre (Criez de joie, Christ est ressuscité) – Chant de l’Emmanuel

Una traducción “casera”: Par toute la terre (Criez de joie, Christ est ressuscité) – Chant de l’Emmanuel.

  • Comían JUNTOS
  • Promesa del ESPIRITU
  • Les cambia “perspectiva”: de restaurar el reino a ser testigos;
  • La nube y los hombres vestidos de blanco… nos habla de que Jesús ha entrado en “la esfera de Dios”;
  • No vale con quedarse mirando al cielo… hay que proseguir la obra…
  • ¿es motivo de alegría? ¿su llamada a ser testigos que me sugiere? ¿me siento acompañada en la tarea?
  • Y ahora, en un momento trata de recapitular todo aquello que te ha tocado el corazón y da gracias por ello, o pide fuerzas para llevar adelante lo que el Señor te ha sugerido.

Damos gracias al Señor. Es justo y necesario

Levantemos los ojos y el corazón hacia el Señor. Los tenemos levantados como los hijos hacia su Padre.

+ Te damos gracias Señor pues hoy sigues convocando a tu pueblo

Por medio de Jesucristo que se hace presente en la palabra

Y la mesa del pan partido que nos hace compañeros.

+ Te damos gracias pues palpamos cómo los discípulos de tu Hijo

Han aceptado con alegría el envío, la misión

Y siguen mostrando con su vida el bien que hace personal y socialmente

Vivir como compañeros del Hijo.

+  Sabemos que nos acompañas siempre, que eres Enmanuel,

también en medio del misterio del mal que nos envuelve,

y con el colirio de la fe en nuestros ojos

te nos hace presente en tantos hombres y mujeres que responsables

y solidarios han y están alentando la esperanza de nuestros pueblos.

+  Sabemos que el sufrimiento está siendo consolado

Por gentes con entrañas de misericordia que se desviven

Como se desvivió Jesús de Nazaret por la salud del pueblo.

+ Por todo ello no podemos menos que estallar en un canto alabanza:

ALABARE, ALABARE, ALABARE A MI SEÑOR.

Gloria al Padre, gloria al Hijo, gloria al Espíritu de Dios.

David Garrett – Viva La Vida

Para leer

La ascensión. L Boff

El cielo no es un lugar al que vamos sino una situación en la que seremos transformados si vivimos en el amor y en la gracia de Dios. El cielo de las estrellas y de los viajes espaciales de los astronautas y el cielo de nuestra fe no son idénticos. Por eso cuando rezamos el Credo un domingo tras otro y decimos que Cristo subió a los cielos no queremos decir que El, anticipándose a la ciencia moderna, emprendiera un viaje sideral. En el cielo de la fe no existe el tiempo, la dirección, la distancia ni el espacio. Eso vale para nuestro cielo espacial. El cielo de la fe es Dios mismo de quien las Escrituras dicen: «Habita en una luz inaccesible» (1 Tim 6,16).

Del mismo modo, la subida de Cristo al cielo no es igual a la subida de nuestros cohetes; éstos se trasladan constantemente de un espacio a otro, se encuentran constantemente dentro del tiempo y nunca pueden salir de estas coordenadas por más lejanos que viajen por espacios indefinidos. La subida de Cristo al cielo es también un pasar, pero del tiempo a la eternidad, de lo visible a lo invisible, de la inminencia a la transcendencia, de la opacidad del mundo a la luz divina, de los seres humanos a Dios.

Con su ascensión al cielo Cristo fue por consiguiente entronizado en la esfera divina; penetró en un mundo que escapa a nuestras posibilidades. Nadie sube hasta allí si no ha sido elevado por Dios (cfr. Lc 24,51; Hch 1,9). El vive ahora con Dios, en la absoluta perfección, presencia, ubicuidad, amor, gloria, luz, felicidad, una vez alcanzada la meta que toda la creación está llamada a lograr. Cuando proclamamos que Cristo subió al cielo pensamos en todo eso.

¿Qué decir entonces de la narración de san Lucas al final de su evangelio (24,50-53) y al comienzo de los Hechos de los Apóstoles (1,9-11) donde cuenta con algunos detalles la subida de Cristo a los cielos hasta que una nube lo oculto de los ojos de los espectadores? Si la ascensión de Cristo no significa una subida física al cielo estelar, ¿por qué entonces San Lucas la describió así? ¿Qué pretendía decir? Para dar respuesta a esto tenemos que comprender una serie de datos acerca del estilo y género literario de la literatura antigua.

La ascensión, ¿fue visible o invisible?

         En primer lugar constatemos el hecho de que es Lucas el único que narra el acontecimiento de la ascensión en términos de una ocultación palpable y de un desaparecer visible de Cristo en el cielo, cuarenta días después de la Resurrección. Marcos sólo dice: «El Señor Jesús, después de hablar con ellos, fue llevado al cielo y está sentado a la derecha de Dios» (16, 19). Sabemos que el final de Marcos (16, 9-20) es un añadido posterior y que este fragmento depende del relato de Lucas. Mateo no conoce ninguna escena de ocultamiento de Jesús; termina así su evangelio: «Jesús les dijo: se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra… Yo estaré con vosotros todos los días hasta la consumación de los siglos» (28, 18-20). Para San Mateo, Jesús ya ascendió al cielo al resucitar. El que dice «todo poder me ha sido dado en el cielo y en la tierra» ya ha sido investido de ese poder; ya está a la derecha de Dios en los cielos. Para San Juan la muerte de Jesús significó ya su pasar al Padre (Jn 3, 13): «Dejo el mundo y voy al Padre» (16,28). Cuando dice: «Recibid el Espíritu Santo», según la teología de Juan eso significa que Jesús ya está en el cielo y envía desde allá su Espíritu (Jn 7, 39; 16, 7). Para Pablo la resurrección significaba siempre elevación en poder junto a Dios (Rom 1,3-4; Flp 2, 9-11). Pedro habla también de Jesucristo «que subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios» (1 Pe 3, 22). 1 Tim 3, 16 habla de su exaltación a la gloria.

En todos estos pasajes la ascensión no es un acontecimiento visible para los apóstoles, sino invisible y en conexión inmediata con la resurrección. Esta perspectiva que contemplaba conjuntamente resurrección y ascensión se mantuvo, a pesar del relato de Lucas, hasta el siglo IV, como atestiguan los Padres como Tertuliano, Hipólito, Eusebio, Atanasio, Ambrosio, Jerónimo y otros. San Jerónimo, por ejemplo, predicaba: «el domingo es el día de la resurrección, el día de los cristianos, nuestro día. Por eso se llama el día del Señor, porque en este día Nuestro Señor subió, victorioso, al Padre» (Corpus Christianorum, 78,550).

De igual manera la liturgia celebró hasta el siglo V como fiesta única la pascua y la ascensión. Sólo a partir de entonces, con la historificación del relato lucano, se desmembró la fiesta de la ascensión en cuanto fiesta propia.

El sentido de la ascensión era el mismo que el de la resurrección: Jesús no fue revivificado ni volvió al modelo de vida humana que poseía antes de morir. Fue entronizado en Dios y constituido Señor del mundo y juez universal, viviendo la vida divina en la plenitud de su humanidad.

Y aquí se Impone la pregunta: si la ascensión no es ningún hecho narrable sino una afirmación acerca del nuevo modelo de vivir de Jesús junto a Dios, ¿porqué Lucas la transformó en una narración? Finalmente, ¿estaba él interesado en comunicar sobre todo hechos históricos externos? ¿o es que a través de semejante narración nos quiere transmitir una comprensión más profunda de Jesús y de la continuidad de su obra en la tierra? Creemos que esta última pregunta ha de transformarse en una respuesta.

La ascensión, esquema literario

Veamos en primer lugar los textos. Al final de su evangelio nos cuenta: «Condujo a los discípulos cerca de Betania y alzando las manos, los bendijo. Y sucedió que mientras los bendecía se separó de ellos y era elevado al cielo. Y ellos, después de postrarse ante él volvieron a Jerusalén con gran alegría y estaban continuamente en el templo bendiciendo a Dios» (24, 50-53).

En los Hechos se nos cuenta: «Y dicho esto, se elevó mientras ellos miraban y una nube lo ocultó a sus ojos. Y según estaban con los ojos fijos en el cielo mientras él partía, he aquí que se presentaron ante ellos dos varones con vestiduras blancas que les dijeron: Galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este Jesús elevado de entre vosotros al cielo volverá tal como lo habéis visto ir al cielo» (1,9-11).

En estos dos relatos se trata realmente de una escena de ascensión visible y de ocultamiento. Escenas de ocultamiento y de ascensión no eran desconocidas en el mundo antiguo greco-romano y judío. Era una forma narrativa de la época para realzar el fin glorioso de un gran hombre. Se describe una escena con espectadores; el personaje famoso dirige sus últimas palabras al pueblo, a sus amigos o discípulos; en ese momento es arrebatado al cielo. La ascensión se describe en términos de nubes y oscuridad para caracterizar su numinosidad y transcendencia.

Así, por ejemplo, Tito Livio en su obra histórica sobre Rómulo, primer rey de Roma, narra lo siguiente: Cierto día Rómulo organizó una asamblea popular junto a los muros de la ciudad para arengar al ejército. De repente irrumpe una fuerte tempestad. El rey se ve envuelto en una densa nube. Cuando la nube se disipa, Rómulo ya no se encontraba sobre la tierra; había sido arrebatado al cielo. El pueblo al principio quedó perplejo; después comenzó a venerar a Rómulo como nuevo dios y como padre de la ciudad de Roma («Livius», I,16). Otras ascensiones se narraban en la antigüedad, tales como las de Heracles, Empédocles, Alejandro Magno y Apolonio de Tiana. Todas siguen el mismo esquema arriba expuesto.

El Antiguo Testamento cuenta el arrebato de Elías descrito por su discípulo Eliseo (2 Re 2, 1-18) y hace una breve referencia a la ascensión de Henoc (Gen 5, 24). Es interesante observar cómo el libro eslavo de Henoc, escrito judío del siglo primero después de Cristo, describe la «ascensio Henoch»: «Después de haber hablado Henoc al pueblo, envió Dios una fuerte oscuridad sobre la tierra que envolvió a todos los hombres que estaban con Henoc. Y vinieron los ángeles y cogieron a Henoc y lo llevaron hasta lo más alto de los cielos. Dios lo recibió y lo colocó ante su rostro para siempre. Desapareció la oscuridad de la tierra y se hizo la luz. El pueblo asistió a todo pero no entendió cómo había sido arrebatado Henoc al cielo. Alabaron a Dios y volvieron a casa los que tales cosas habían presenciado» (Lohfink, G., «Die Himmelfahrt Jesu», 11-12).

Los paralelos entre la narración de Lucas y las demás narraciones saltan a la vista. No cabe duda de que el paso de Jesús del tiempo a la eternidad, de los hombres a Dios, está descrito según una historia de ocultamiento, forma literaria conocida y común en la antigüedad. No que Lucas haya imitado una historia de ocultamiento anterior a él. Hizo uso de un esquema y de un modelo narrativo que estaban a su disposición en aquel tiempo.

Nosotros hacemos lo mismo cuando en la catequesis empleamos el sicodrama, el teatro o aun el género novelístico para comunicar una verdad revelada y cristiana a nuestros oyentes de hoy. Al hacerlo nos movemos dentro de un esquema propio de cada género sin que con ello perdamos o deformemos la verdad cristiana que pretendemos comunicar o testimoniar. La Biblia está llena de recursos como éste. Nos alargaríamos si quisiéramos presentar más ejemplos. Existe una amplia literatura científica y de divulgación referente a este asunto.

Como conclusión podemos mantener que la verdad dogmática de que «Cristo subió al cielo» (1 Pe 3,22) o que «fue exaltado a la gloria» (1 Tim 3, 16) fue historificada muy probablemente por el mismo Lucas.

¿Qué quiso decir Lucas con la ascensión?

Por qué historificó Lucas la verdad de la glorificación de Jesucristo junto a Dios? Analizando su evangelio descubrimos en él no sólo un gran teólogo sino también un escritor refinado que sabe crear la «punta» en una narración y sabe cómo comenzar y concluir de forma perfecta un libro. En ese sentido se entienden las dos narraciones de la ascensión, una al concluir el evangelio y otra abriendo los Hechos de los Apóstoles.

En cuanto conclusión del evangelio cobra una gran fuerza de expresión porque utiliza un género que se prestaba exactamente para exaltar el fin glorioso de un gran personaje. Jesús era mucho mayor que todos ellos pues era el mismo Hijo de Dios que retornaba al lugar del que había venido, el cielo. A eso le añade motivos más que destacan quién era Jesús: en el Evangelio lucano Jesús nunca había bendecido a los discípulos; ahora lo hace; nunca había sido adorado por ellos y ahora es adorado por vez primera. Queda así claro que con su subida al cielo la historia de Jesús alcanzó su plena perfección; con la ascensión los discípulos comprenden la dimensión y profundidad del acontecimiento.

Pero, ¿por qué se relata la ascensión dos veces y con formas diversas? En los Hechos, además de los motivos literarios presentes en el evangelio lucano, entran también motivos teológicos. Sabemos que la comunidad primitiva esperaba para pronto la venida del Cristo glorioso y el fin del mundo. En la liturgia recitaban con frecuencia la oración «Marana tha», ¡Ven Señor! Pero el fin no llegaba. Cuando Lucas escribió su evangelio y los Hechos, la comunidad y principalmente Lucas, se dan cuenta de ese retraso de la Parusía. Muchos fieles ya habían muerto y Pablo había extendido la misión Mediterráneo adelante. Esto exigía una aclaración teológica: ¿Por qué no ha llegado el fin? Lucas intenta dar una respuesta a esa cuestión angustiosa y frustrante.

Ya en su evangelio reelabora los pasajes que hablaban muy directamente de la próxima venida del Señor. Así, cuando el Jesús de Marcos dice ante el Sanedrín: «Veréis al Hijo del Hombre sentado a la derecha del Poder y venir sobre las nubes del cielo» (14,62), Lucas hace decir a Jesús únicamente: «Desde ahora, el Hijo del Hombre estará a la derecha del poder de Dios» (22,69).

Para Lucas la venida de Cristo y el fin del mundo ya no son inminentes, aprendió la lección de la historia y ve en ello el designio de Dios. El tiempo que ahora se inaugura es el tiempo de la misión, de la Iglesia y de la historia de la Iglesia. Esa constatación, Lucas la pone en el frontispicio de los Hechos y se contiene igualmente en la narración de la ascensión de Jesús al cielo. Cristo no viene como esperaban; se va. Volverá otra vez un día, pero al fin de los tiempos.

Tal como dice acertadamente el exegeta católico Gerhard Lohfink, al que seguimos en toda esta exposición: «El tema de Hch 1, 6-11 (la ascensión) es el problema de la parusía. Lucas intenta decir a sus lectores: el hecho de que Jesús haya resucitado no significa que la historia haya llegado a su fin, ni que la venida de Jesús en gloria sea inminente. Por el contrario, la pascua significa exactamente que Dios crea un espacio y un tiempo para que la Iglesia se desarrolle, partiendo de Jerusalén, Judea y Samaría, hasta los confines de la tierra. Por eso es erróneo quedarse ahí parado y mirar para el cielo. Sólo quien dé testimonio de Jesús ha entendido correctamente la pascua. Jesús vendrá. ¿Cuándo? Eso es asunto reservado a Dios. La tarea de los discípulos está en constituirse ahora en el mundo en cuanto Iglesia» (53-54). En otras palabras eso es lo que Lucas intentó con el relato de la ascensión en los Hechos.

Comparando las dos narraciones, la del evangelio con la de los Hechos, se perciben notables diferencias. Las nubes y los ángeles del relato de Hechos no aparecen en el evangelio. En éste, Jesús se despide con una bendición solemne; en los Hechos ésta falta totalmente. Las palabras de despedida en el evangelio y en Hechos difieren profundamente. Esas diferencias se comprenden porque Lucas no pretendía hacer el relato de un hecho histórico. Quiso enseñar una verdad, como ya dijimos arriba, y a tal fin debían servir los diversos motivos introducidos.

La verdad del relato no está en si hubo o no bendición, en si Jesús dijo o no dijo tal frase, si aparecieron o no dos ángeles o si los apóstoles estaban o no estaban en el monte de los Olivos mirando al cielo. Quien busque este tipo de verdad no busca la verdad de la fe, sino únicamente una verdad histórica que hasta un ateo puede constatar. El que quiera saber si la historia de la ascensión de Jesús al cielo es verdadera, y eso es lo que intenta saber nuestra fe, deberá preguntar: ¿Es cierta la interpretación teológica que Lucas da de la historia después de la resurrección? ¿Es verdad que Dios ha dejado un tiempo entre la resurrección y la parusía para la misión y para la Iglesia? ¿Es cierto que la Iglesia en razón de esto no debe sólo mirar hacia el cielo sino también hacia la tierra?

Pues bien, ahora estamos en mejor situación para responder de lo que estaban los contemporáneos de Lucas, pues tenemos detrás de nosotros una historia de casi dos mil años de cristianismo. Podemos con toda seguridad y toda fe decir: Lucas tenía la verdad. Su narración sobre la ascensión de Jesús a los cielos en Hechos, además de interpretar correctamente la historia de su tiempo, era una profecía para el futuro; y se realizó y todavía se está realizando. Jesucristo penetró en aquella dimensión que ni ojo vio ni oído oyó (cfr 1 Cor 2, 9). El, que durante su vida tuvo poco éxito y murió miserablemente en la cruz, fue constituido por la resurrección en Señor del mundo y de la historia. Sólo es invisible pero no es un ausente.

Lucas lo dice en el lenguaje de la época: «se elevó mientras ellos miraban, y una nube lo ocultó a sus ojos» (Hch 1, 9). Esa nube no es un fenómeno meteorológico; es el símbolo de la presencia misteriosa de Dios. Moisés en el Sinaí experimenta la proximidad divina dentro de una nube: «Cuando Moisés subía a la montaña las nubes envolvían toda la montaña; la gloria de Yahvé bajó sobre el monte Sinaí y las nubes lo cubrieron por seis días» (Ex 25, 15). Era la proximidad de Dios. Cuando el arca de la alianza fue entronizada en el templo de Salomón se dice que «una nube llenó la casa de Yavé Los sacerdotes no podían dedicarse al servicio a causa de la nube, pues la gloria de Yahvé llenaba toda la casa» (1 Re 8, 10). La nube por consiguiente significa que Dios o Jesús está presente, aunque de forma misteriosa. No se le puede tocar y sin embargo está ahí, a la vez revelado y velado. La Iglesia es su signo-sacramento en el mundo, los sacramentos lo hacen visible bajo la fragilidad material de algunos signos, la Palabra le permite hablar en nuestra lengua invitando a los hombres a una adhesión a su mensaje que, una vez vivido, los llevará hacia aquella dimensión en la que él existe ahora, al cielo.

Todo esto está presente en la teología de la ascensión de Jesús al cielo. Esta es la verdad del relato que Lucas, hoy todavía, nos quiere transmitir, para que «nos postremos ante él, Jesús, y volvamos a nuestra Jerusalén llenos de una gran alegría» (cfr. Lc 24, 52).

Fuente: Unidad Pastoral Portugalete

Escribía Teresa de Ávila “Y aun en las mismas ocupaciones retirarnos a nosotros mismos; aunque sea por un momento solo, aquel acuerdo de que tengo compañía dentro de mí, es gran provecho. En fin, irnos acostumbrando a gustar de que no es menester dar voces para hablarle, porque su Majestad se dará a sentir cómo está allí” (C 29,5).

Y esto es lo que te invito a hacer en este momento, conversar con el Señor… lo que también implica escucharle.

Me situó en actitud de oración… silencio… respiración pausada… postura adecuada… invocación al Espíritu…

         En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo

Marcela Gandara – Tu Palabra

Sí, ya sé que nos dijiste “no estéis turbados. Creed en Dios y creed en mí” e insistes: “No os turbéis ni os acobardéis”. Pero… en estos tiempos estamos, yo por lo menos, turbados y acobardados … creo que tenemos motivos para ello… ¿o Tú no lo ves así? Sí Padre… ya sé que he cantado con otros y otras y he escuchado con agrado aquel “Nada te turbe, nada te espante”… pero….

Quisiera que este rato fuera con un baño de inmersión que fortaleciera esta confianza… volver a escuchar la canción y acoger la palabra ayudarán a ello.

Marcela Gandara – Tu Palabra
Nada te turbe

Lectura del  evangelio según san Juan 14, 23-29

Dijo Jesús a sus discípulos:  «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él.  El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy yo como la da el mundo. Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Me habéis oído decir: “Me voy y vuelvo a vuestro lado”. Si me amarais, os alegraríais de que vaya al Padre, porque el Padre es mayor que yo.  Os lo he dicho ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis.

Comptine d’un autre été (Amélie) – Cover Violín & Piano

Para situarnos: dedica un tiempo a ver qué situaciones son las que en estos momentos te están turbando y acobardando. Ponles nombre. Y pregúntate a que se debe la turbación o la cobardía… pues son experiencias distintas.

Y ¿observas algo de eso en tu Iglesia…  parroquia, unidad pastoral, asociación o movimiento, diócesis, etc?

La Valse d’Amélie – Yann Tiersen – Rondó Orchestral

Y en esta situación en bueno que volvamos a escuchar, con calma y repetida varias veces, la palabra/promesa que quiere sostener nuestro ánimo y que es fuente de una espiritualidad que lleve  a la plenitud de la vida interior:

  • Que no se turbe vuestro corazón ni se acobarde
  • La paz os dejo, mi paz os doy;
  • el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo
  • vendremos a él y haremos morada en él.
  • Y a una presencia en el mundo marcada por el cuidado, por el servicio… una espiritualidad samaritana:
  • «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará
  • Y no olvidar su palabra: “amaos unos a otros como os he amado”, “haced esto en memoria mía” –compartir el pan de la mesa y lavar los pies a los hermanos-, “si lo sabéis y lo cumplís seréis dichosos”, que todos sean uno como Tu y yo para que el mundo crea….

 Y ahora disfruta y goza con lo que el Señor está sugiriendo en tu corazón (la música, las reflexiones y la oración final pueden ayudarte)

Gershwin: Porgy and Bess, Act I – «Summertime»

Unas reflexiones que pueden ayudarnos

“¿Adónde vais? ¿Adónde corréis? ¿Adónde huís, no sólo de Dios, sino también de vosotros? Volved al corazón” (San Agustín: Comentario al Salmo 76, 16) “Volved al corazón, ¿qué es eso de ir lejos de vosotros y desaparecer de vuestra vista? ¿Qué es eso de ir por los caminos de la soledad y vida errante y vagabunda? Volved. ¿A dónde? Al Señor…Vuelve primero a tu corazón; como en un destierro andas errante fuera de ti. ¿Te ignoras a ti mismo y vas en busca de quien te creó? Vuelve, vuelve al corazón… (San Agustín: Comentario al Evangelio de Juan 18, 10).

No somos seres huecos. A mí me da mucha alegría el descubrimiento de estar habitada. De que, cuando llego a contactar con mi corazón, Alguien ya me está esperando, porque “Dios nos amó primero” (1Jn 4, 19).

“Hijas, que no estáis huecas”, decía Santa Teresa (Camino 48, 2). Somos seres “habitados”, no vacíos; no llegamos los primeros porque Alguien nos precede y nos espera en el corazón, ni estamos nunca solos: “Mi Padre y yo vendremos a él y haremos en él nuestra morada Él ha deseado vivir en tu casa. Recréate con ese deseo. “El Señor tu Dios, en medio de ti es un salvador poderoso… da saltos de alegría por ti” (Sof 3, 17)… ¿no hace crecer esto tu alegría y el deseo de vivir tú en Su Corazón?

“El que me ama, guardará mis palabras, y mi Padre le amará y vendremos a él y haremos dentro de él nuestra morada”.

Este anuncio del Señor nos hace vivir en la convicción de que somos seres habitados, de que no estamos solos y que Alguien camina con nosotros en el trayecto de la vida. Estamos invadidos.

 Nuestro corazón orante puede repetirle al Señor, con confianza y esperanza: ““Señor, mantenme viva la conciencia de que Tú me habitas”.

Sigamos clamando a quien nos promete cercanía y Presencia, para que experimentemos la fuerza y la consistencia que da la promesa de su Palabra, y entretanto, sigamos trabajando el mundo que tenemos entre las manos.

Y Dios me dice a mí, pequeña flauta:

Déjame, -dí que sí-. Entre mis dedos hazte mi alegría.

¿Cómo? Como la caña vacía se hace espacio donde se cuela mi soplo.

Ofrece tu nada a mi alabanza.

Déjame, déjame, sólo en cada instante, sólo en cada “ahora”,

déjame entrar e invadir tus vacíos,

tus fallos, tus huecos, para que ahí

brote mi música, nuestra música hecha de tu sí y de mi invasión.

Música con notas únicas, con silencios y sonidos inéditos,

Siempre nuevos, a partir de tu pequeña flauta.

Sabes cuanto te quiero.

De tus vacíos no tengas miedo es justamente por ellos que quiere cantar tu Dios;

Es a través de tus limitaciones que se expresa mi plenitud.

Di que sí, en cada instante, en cada “ahora”, al paso de mi canto,

 la eternidad en tu tiempo, el Todo en tu nada,

esta nada que necesito.

Sí, entre mis manos, hazte mi bien, para mi alegría, tu alegría,

la alegría de todos. Dí que sí a este juego, juguemos los dos

-Juego de la Alianza-

para revelar al hombre que le quiero feliz,

que me he enamorado de él.

Entonces yo, tu Dios,…

Déjame en tus vacíos, ser Dios. 

(Hermanita MARIJO , DEL Sagrado Corazón de Foucauld)

Fuente: Unidad Pastoral Portugalete

Disponernos a orar es disponernos a quitar todo lo que empaña la vista (el miedo, la comodidad, el pesimismo, la tristeza, la desconfianza, etc.) para poder ver la realidad con ojos limpios, con ojos nuevos y percibir la vida que bulle, el horizonte que atrae, la utopía del Reino que nos llama a caminar… ¡Necesitamos tanto estos momentos para vivir bien, para abrir caminos para que todos podamos vivir bien… en el norte y en sur!

Calma, serenidad, silencio… “en el nombre del Padre y del hijo y del Espíritu” e invocación al Espíritu: “Abre nuestros ojos que sepamos ver” la corriente profunda de vida que el Resucitado dinamiza. Y soñar despiertos y juntos con los cielos nuevos y la tierra nueva… donde no habrá ni llanto, ni dolor.

Fantasia Pastoral Symphony Movt. 5

Señor: hubo un pensador que decía: “Aquellos cuya esperanza es débil pugnan por la comodidad o por el derrotismo, mientras que aquellos cuya esperanza es fuerte ven y fomentan todos los signos de la nueva vida y están preparados en todo momento para ayudar al advenimiento de lo que se halla en condiciones de nacer”. Pero a nosotros nos han dicho tantas veces que nos dejemos del futuro, de utopías y que nos centremos en el presente que estamos perdiendo la capacidad de soñar ese mundo fraterno por el que tu Espíritu trabaja y nos quedamos encerrados en ese triste y mortífero “es lo que hay” y nos olvidamos que la utopía sirve para caminar hacia un futuro mejor, que no escapismo de la realidad ni ensoñación

Se nos ha olvidado lo que nos decía Pablo de ese mundo que gime con dolores de parto, o aquella invitación de Pedro a dar razón de nuestra esperanza con unos comportamientos que abran caminos, o aquella propuesta del Deuteronomio: “pongo ante ti la vida y la muerte, elige la vida”.  Se nos olvida que toda la historia de salvación está recorrida y sostenida por una promesa, pues el paraíso no está perdido sino está delante. La realidad no es sólo lo que se manifiesta sino también aquello que está germinando. ¿Los cristianos no estamos llamados a ser parteras del mundo nuevo? El soñar y hacer fraternidad no es un sueño sino un grito que brota de la misma realidad sufriente. ¿Me quedo como las gaviotas picoteando en la orilla o alzo el vuelo como Juan Salvador Gaviota?

         ¿Tu Palabra tiene algo que decirnos hoy?

Juan Salvador Gaviota

Lectura del libro del Apocalipsis 21, 1‑5a

Yo, Juan, vi un cielo nuevo y una tierra nueva, pues el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar ya no existe. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo. Y oí una gran voz desde el trono que decía: «He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos”». Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor. Todo lo antiguo ha pasado.  Y dijo el que está sentado en el trono: «Mira, hago nuevas todas las cosas».

Relee con calma varias veces el texto de manera que esponje tu espíritu y “le dé alas”….

Alexander – Titans (Vangelis)

Tratamos de señalar los diversos mensajes:

  1. vi un cielo nuevo y una tierra nueva… llamadas a tener coraje para afrontar el presente … aquellas comunidades perseguidas, acosadas y ¿nosotros…..? resuena la voz de los profetas que a lo largo de toda la historia mantiene la sed de vida del pueblo….
  2. el mar ya no existe… ese mar símbolo del peligro… el que tienen que atravesar para liberarse de Egipto… el de las tormentas del lago que impide avanzar a la barca… y ese Jesús que “anda sobre las aguas” y las domina…. Hoy ya su victoria es total.
  3. Y vi la ciudad santa, la nueva Jerusalén que descendía del cielo, de parte de Dios, preparada como una esposa que se ha adornado para su esposo. El tema de las bodas de Dios con la humanidad nos puede parecer muy audaz pero está presente a lo largo de la Biblia… Oseas, Isaías, El cantar de los cantares, Caná…. Desciende del cielo, de junto a Dios… Es “la nueva Jerusalén”, lo que indica que no es solamente obra humana.. continuidad y ruptura… lo que galvaniza nuestra energía…  para renovar la creación… que Dios transfigurará (cfr. El texto de la Gaudium et spes que está al final de la oración)
  4. He aquí la morada de Dios entre los hombres, y morará entre ellos, y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos. ¡Qué tres gritos de aliento para afrontar la realidad abriendo caminos… pues el futuro viene cargado de gozo! Recordar el nombre de Jesús: Enmamuel = Dios con nosotros
  5. Y enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto ni dolor. Ya Isaías lo anunciaba… ¿No merece la pena ilusionarse con esta promesa y estar dispuestos a ponerse en marcha y afrontar el presente con esperanza y confianza?

En el evangelio que se proclamará este domingo podemos encontrar una “receta” de cómo hacerlo:  Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado. En esto conocerán todos que sois discípulos míos; si os amáis unos a otros.»

6.«Mira, hago nuevas todas las cosas».

Disfruta con la palabra proclamada…. Que ella te vaya calando y reverdezca tu esperanza, tu ilusión, tus ganas de ir posibilitando ese otro mundo posible por el que tantos se esfuerzan… y en que vemos esas semillas del Reino     que volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno (GS 39)

Juan Salvador Gaviota (Neil Diamond)

Gaudium et spes. (Vaticano II) 39. Ignoramos el tiempo en que se hará la consumación de la tierra y de la humanidad. Tampoco conocemos de qué manera se transformará el universo. La figura de este mundo, afeada por el pecado, pasa, pero Dios nos enseña que nos prepara una nueva morada y una nueva tierra donde habita la justicia, y cuya bienaventuranza es capaz de saciar y rebasar todos los anhelos de paz que surgen en el corazón humano. Entonces, vencida la muerte, los hijos de Dios resucitarán en Cristo, y lo que fue sembrado bajo el signo de la debilidad y de la corrupción, se revestirá de incorruptibilidad, y, permaneciendo la caridad y sus obras, se verán libres de la servidumbre de la vanidad todas las criaturas, que Dios creó pensando en el hombre.

Se nos advierte que de nada le sirve al hombre ganar todo el mundo si se pierde a sí mismo. No obstante, la espera de una tierra nueva no debe amortiguar, sino más bien avivar, la preocupación de perfeccionar esta tierra, donde crece el cuerpo de la nueva familia humana, el cual puede de alguna manera anticipar un vislumbre del siglo nuevo. Por ello, aunque hay que distinguir cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del reino de Cristo, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana, interesa en gran medida al reino de Dios.

Pues los bienes de la dignidad humana, la unión fraterna y la libertad; en una palabra, todos los frutos excelentes de la naturaleza y de nuestro esfuerzo, después de haberlos propagado por la tierra en el Espíritu del Señor y de acuerdo con su mandato, volveremos a encontrarlos limpios de toda mancha, iluminados y transfigurados, cuando Cristo entregue al Padre el reino eterno y universal: «reino de verdad y de vida; reino de santidad y gracia; reino de justicia, de amor y de paz». El reino está ya misteriosamente presente en nuestra tierra; cuando venga el Señor, se consumará su perfección.

Juan Salvador Gaviota (Neil Diamond)

Terminamos nuestra oración con una acción de gracias al Padre pues su promesa llena de esperanza y coraje          Y pidiendo que “Venga a nosotros su Reino”

Fuente: Unidad Pastoral Portugalete

Unos anexos

Amin Malouf. El siglo primero después de Beatriz.

 “De la larva al insecto, de la oruga fea y rastrera a la soberbia mariposa que hace alarde de sus colores, tenemos la impresión de pasar de una realidad a otra; sin embargo en la oruga está ya todo lo que formará la belleza de la mariposa. Mi profesión me permite leer en la larva la imagen de la mariposa o del escarabajo o de la migala. Miro el presente y veo la imagen del futuro. ¿No es maravilloso?

¿Y dónde reside la pasión del periodista? ¿Sólo en la observación de as mariposas humanas, de las migalas humanas, de sus cacerías y sus amores? No. Tu profesión te hace sublime, inigualable, cuando te permite leer en el presente la imagen del futuro, ya que todo el futuro se encuentra en el presente, pero enmascarado, codificado, en un orden disperso? ¿no tengo razón cuando digo que somos casi colegas?

 Shuchodolsky en La pedagogía de la esperanza. Revista “Educación y sociedad” de Akal. Nº 2.

            “La consigna de “educar al hombre” ¿tiene todavía sentido cuando a veces se interpreta como una excusa que justifica nuestra ausencia en la lucha por un orden nuevo socioeconómico del mundo, por la justicia y la libertad? La consigna de “educar al ciudadano” ¿puede aún ser respetada cuando se reduce a menudo a una sumisión a dictadores que se identifican con el Estado y con el destino de la nación?

         Las consideraciones sobre la situación y la misión de los educadores en el mundo actual debería hacerse desde diferentes puntos de vista. El que yo adopto en este informe…….

         Pienso que toda la realidad, es decir, tanto el mundo de la naturaleza como el del hombre, se hallan impregnados de un conflicto dramático entre lo que existe ya formado y lo que nace. La rica y larga tradición filosófica presenta y analiza la contradicción entre la “natura naturans” y “natura naturata” –la naturaleza creadora y la naturaleza creada-. La filosofía árabe, y sobre todo Averroes, subrayó dicha contradicción en su teoría sobre el espíritu activo y el espíritu pasivo. Santo Tomás de Aquino lo consideró desde el punto de vista cristiano….Eckhart… Giiordano Bruno… Spinoza…. Henri Bergson… demostró de una manera completamente nueva la importancia de estos problemas, tanto para comprender el carácter creador de la evolución como para aclarar las contradicciones religiosas y sociomorales de los sistemas “cerrados” y “abiertos”.

         Nosotros no podemos aquí examinar de cerca toda la riqueza de estos problemas filosóficos de la realidad existente y la realidad posible, de la vida y del nacimiento, de la forma acabada y de la búsqueda de forma; de la permanencia basada en la resistencia a los cambios y de la permanencia que surge de la creación constante, de la existencia concebida como cosa ya formada y la que se identifica con la búsqueda innovadora. Debemos limitarnos a indicar a grandes rasgos las contradicciones que se manifiestan en la vida social e individual de nuestro tiempo.

         El carácter doble de lo que está formado y de lo que nace impregna realmente toda la vida social, la cual tiene siempre una forma determinada y duradera; funciona dentro de los límites del derecho vigente y del poder reinante…..

         Pero, a la vez, bajo la superficie de esta vida formada de un modo determinado, las fuerzas de la negación y de la esperanza se congregan.  Se comienza a sentir que los principios fundamentales del orden social de interpretan de manera injusta, que hace falta concebir de otro modo la justicia y la igualdad, que se concede libertad para las cuestiones intranscendentes y se limita para las transcendentes….. En la clandestinidad de la vida social

 Nacen nuevas aspiraciones y tendencias, visiones de la sociedad “deseable”; el pensamiento alternativo propone soluciones totalmente distintas a los conflictos; las visiones utópicas sugieren imágenes del porvenir hasta el presente desconocidas. Estas fuerzas de la negación y de la esperanza son inciertas y confusas, heterogéneas y variables. Pero estas fuerzas son la vida que nace, la vida en la que, al calcular la acción, se toma en consideración el riesgo del desastre. E incluso sin llegar a formular un programa preciso de acción, y sin la certeza de la victoria, se afirma la convicción de que se puede vivir de otro modo. Es precisamente de la intensidad de esta nueva vida de donde nacerán los programas y las fuerzas.

         Esta nueva vida se halla incluso en la vida individual….

         Pero bajo la superficie de esta vida se agitan movimientos revolucionarios y corrientes innovadoras. Nace la protesta contra la repetición. Surgen aspiraciones nuevas, necesidades nuevas, gustos nuevos. Abandonamos la rutina por el encanto de la innovación. ……

….. Nuestra vida se hace realidad por este carácter doble. Somos tal como somos pero también como seremos. Es así como se confirma la idea que tanto preocupó a Kierkegaard: el hombre debe ser siempre lo que es, pero no debe continuar siendo como es.

         Mis consideraciones sobre la educación contemporánea se fundan básicamente en la comprensión de este carácter doble de la vida social e individual, que demuestra el carácter “pluridimensional” de lo real y protege contra los errores del empirismo superficial. Porque lo real no es solamente lo que existe en formas diferentes y que nosotros vemos con nuestros propios ojos. Lo real es también lo oculto, lo confuso, lo que se está formando, lo que puede que exista o puede que desaparezca. Lo real es tanto lo que existe como lo que es posible…..

         (…) la ecuación era la gran repetición. Pero ¿debe ser realmente así la educación? ¿Ha sido esta la enseñanza de los grandes creadores de nuestra cultura? ¿Es lo que Sócrates recomendaba? ¿Ha sido esta la misión de Cristo? ….. aunque se le recuerda que la civilización del futuro necesitará “hombres nuevos” no se trata con suficiente profundidad de estos problemas nuevos, dejándolos para los autores de ciencia-ficción.

Joaquín García Roca:

La historia asigna nuevos lugares al deseo y se encarga de ir domiciliando las utopías de la humanidad; de este modo el universo parpadea signos emergentes, que iluminan la nueva condición humana y emiten fulgores de señales e indicaciones, que traen noticia de una sociedad-otra. Hay chispas en el interior de nuestra condición, aquí y ahora, que gesticulan una historia esperanzada. El siglo no está vencido por el desaliento y la resignación, sino que en su vientre germinan semillas de otro orden. Los trazos de las utopías son como campos magnéticos; aunque estemos continuamente rodeados de cautiverios, reversos y desgarros, la noche no es un domicilio, sino una circunstancia; en el interior del lado oscuro de la vida, que permanentemente nos acompaña, sigue siendo sonoro el rostro de Dios.          ¿Dónde están hoy los fulgores, aunque sean tan breves, y las chispas mesiánicas? ¿Con qué materiales se construyen hoy las utopías? ¿Cómo educar para construir esperanzadamente la historia?   ….. aceptar que en lo provisional hay también esperanza, es nuestra forma humana de esperar. No podemos educar en la alternativa del todo o nada; más bien sabemos que las soluciones totales  no son para navegantes. Hay que enseñar a desear otra sociedad, conociendo a la vez los desengaños que nos reserva aquella que la remplazará. Para tomar el cielo hay que tener los pies muy puestos en la tierra.          Por esta razón, el compromiso con la utopía invita a la búsqueda humilde y al diálogo. La utopía no está de espaldas a la densidad histórica ni a las oscuridades. Hay un pasaje bíblico que resulta abrumador por su provocación: “El Señor quiere habitar una densa nube” (¡Re 8,12); y de este modo, nadie posee la utopía, sino que sólo se puede caminar confiadamente hacia ella. Como advertía Camus, la manera de no ver nada es mirar directamente al sol; hay cosas que se ven mejor en la penumbra. El modo de aparecer la utopía no está reñido con la oscuridad ni con la complejidad. ……

Para el Pedro Gaviota que todos Somos

JUAN SALVADOR GAVIOTA

RESUMEN:

Juan es una gaviota que ama volar sobre todas las cosas. Por ello, en su Bandada, lo único que hace es practicar su vuelo para alcanzar la perfección y no se dedica a hacer lo que hacen las demás gaviotas: comer y dormir. El ser distinto a los demás hará que la Bandada lo exilie por violar la dignidad y la tradición de la Familia de las Gaviotas. Pero Juan, a pesar de estar solo y exiliado sigue practicando y persiguiendo su meta, hasta que tras un gran golpe sube al cielo donde Chiang le enseña a desplazarse tan rápido como el pensamiento y a moverse en el tiempo, y Rafael le ayuda a alcanzar la perfección del vuelo instruyéndole desde su llegada.

Finalmente Juan Salvador vuelve a la Tierra para enseñar a las gaviotas que deseen aprender a volar ante todas las cosas, lo que ha aprendido. Toma un discípulo llamado Pedro, y luego ocho más. La bandada les rechaza porque son exiliados. Pero poco a poco algunas gaviotas abandonan la Bandada para volar como sus compañeras. Al final Pedro se estrella contra una roca y Juan le resucita, le pregunta que qué prefiere, si vivir y enseñar a la bandada, o ir al otro mundo, a lo que Pedro responde la primera opción. Finalmente se separan y Pedro descubre que él es como Juan Salvador puesto que nadie tiene límites a la hora de conseguir lo que desea.

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